Una conversación con Raúl “Ratón” Macías

Bert Colima
El próximo 6 de julio está convocada una macro lección de box en el zócalo de la Ciudad de México. La propia Presidenta del País, Claudia Sheimbaum, ha lanzado la convocatoria para unirse a este magno evento deportivo. Se anuncia que estarán presentes los boxeadores Julio César Chaves, mexicano, considerado uno de los púgiles más destacados en el mundo y quien será acompañado por otros dos boxeadores de renombre como son Mano de Piedra Durán (panameño) y Oscar de la Hoya (estadounidense de origen mexicano). Seguramente esta convocatoria reunirá a cientos de aficionados al boxeo que irán a practicar jabs y ganchos ante la guía y la mirada de tres maestros del boxeo. El box, como sabemos, es un deporte en el que los mexicanos han destacado. Según Mauricio Suleiman, mexicano, Presidente de la Asociación Mundial de Boxeo, en México se tiene a 200 campeones mundiales en diferentes categorías. Es indudable que el box profesional es un canal de movilidad social en la estructura de clases sociales del país. La mayoría de los boxeadores, hombres y mujeres, pertenecen a las clases subalternas-que diría Antonio Gramci-y nacieron y vivieron en entornos de pobreza, en condiciones difíciles, en hogares con economías precarias. Fueron escalando a base de golpes hasta llegar a amasar fortunas considerables. No son escasos, también, los boxeadores que se gastaron el dinero a manos llenas y murieron en la miseria como es el caso del “Toluco” López, campeón mundial de peso gallo, que murió en una esquina de Toluca, su ciudad natal. Existen más ejemplos de boxeadores mexicanos que después de escalar a golpes hasta la cumbre del pugilato, murieron en la miseria. En contraste, otros han logrado conservar sus fortunas y viven una existencia desahogada, como el caso del más famoso boxeador mexicano actual, Saúl Álvarez, el “Canelo”. Esta posibilidad de abandonar la pobreza y amasar una fortuna a base de dar y recibir golpes arriba de un ring ante los gritos y expectativas del multitudinario público que acude a los eventos de boxeo, es lo que mueve a cientos de jóvenes, hombres y mujeres en México, a dedicarse al box como profesión. En la literatura el boxeo ha llamado la atención de varios escritores como Armando Ramírez o Miguel N. Lira. El historiador Servando Ortoll escribió la biografía de Epifanio Romero en su libro Bert Colima. El CONECULTA mismo ha editado libros importantes acerca del box. Todo ello me vino a la memoria al escuchar de labios de la Presidenta la invitación para asistir a la gran lección abierta y masiva de pugilato que habrá el próximo 6 de julio. Pero también recordé que un buen día, en las fechas en que Pablo Salazar era Gobernador de Chiapas, recibí una invitación suya para asistir a una comida en Tuxtla Gutiérrez con deportistas, tanto activos como ya en retiro. Es ampliamente conocida la afición que Pablo Salazar Mendiguchía tiene por el deporte y la música. Acudí expectante a la cita y me encontré que se me había reservado un lugar en la mesa junto a quien fuera un gran y popular boxeador mexicano: Raúl, el “Ratón”, Macías. Después de los saludos protocolarios al Gobernador del estado, me dirigí a mi lugar y con una emoción especial estreché la mano del “Ratón” Macías. Este sonrió ante mi conmoción. Durante el desarrollo de la comida platicamos sobre la importancia del box en México no sólo como un deporte que motiva la movilidad social, sino que despierta sentimientos de identidad, de “mexicanidad”, entre nuestros compatriotas. Pero lo medular de esta conversación inusitada que tuve con el “Ratón” Macías llegó al comentarle cómo viví junto a mi padre, la escucha de la pelea entre el púgil mexicano y el francés Alphonse Halimi, celebrada en Paris el 6 de noviembre de 1957. En esa fecha yo llegaba a los 12 años de edad. Mi padre, el Maestro Andrés Fábregas Roca, fue boxeador en sus tiempos de universitario como estudiante de medicina. Incluso peleó por el campeonato de la Universidad en la categoría de peso medio contra otro estudiante de apellido Siscar. Mi padre comentaba esa pelea en las pláticas familiares de sobremesa. Pero justo esa noche de la pelea del Ratón Macías contra Halimi, mi padre se pegó al radio y yo junto a él, sufrimos la pelea. Le comenté al “Ratón” que mi padre incluso se ponía de pie y repetía, como si fuese boxeo de sombra, los golpes que estaba dando el boxeador mexicano. Y sufrimos, le dije al “Ratón”, cuando nos dimos cuenta que ibas perdiendo la batalla. El boxeador mexicano, quien fuera campeón mundial de peso gallo, respondió riendo: “Más sufría yo con los golpes que me daba Halimi”. Después de esa pelea el boxeador mexicano se retiró e ingresó a la política. Como miembro del PRI, llegó a ser Diputado Federal posición desde la que apoyó al boxeo. El “Ratón” Macías fue uno de los boxeadores más populares de México. El nombre completo del “Ratón” fue Raúl Macías Guevara y había nacido en la ciudad de México un 28 de julio de 1934. Después de una trayectoria brillante, incluso como boxeador amateur, en 1955 ganó el Campeonato Mundial de peso gallo y fue recibido en México como un héroe popular. De todo ello platicamos en esa inolvidable comida en Tuxtla Gutiérrez. Con mucha satisfacción, lo recuerdo, recibí el comentario del “Ratón” quien me dijo: “Sabes bastante de box”. El “Ratón” Macías llevó una vida ordenada y murió a los 75 años en la ciudad en que nació un 23 de marzo de 2009. Fue un ícono de la identidad mexicana e hizo célebre aquella frase de “todo se lo debo a la Virgen de Guadalupe y a mi manager”.
Bosques de Santa Anita, Jalisco. A 29 de marzo, 2025

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