Definición de altura
El término altura siempre ha estado presente en la literatura (¿vieron que pura tura?). La verdadera protagonista de la leyenda de Ícaro es ¡la altura! ¿Cuál es la moraleja? ¡No ambiciones las alturas! Vuela, pero vuela bajito.
El término altura siempre ha estado presente en la literatura (¿vieron que pura tura?). La verdadera protagonista de la leyenda de Ícaro es ¡la altura! ¿Cuál es la moraleja? ¡No ambiciones las alturas! Vuela, pero vuela bajito.
El silencio debe escribirse sin palabras acompañantes. A veces sucede que las acompañantes son muy ruidosas y esto altera el sentido nato de la palabra. ¿Hacemos silencio o guardamos silencio? ¿En dónde se encuentra el silencio? ¿Está en el fondo de un pozo o está en la altura de un bosque?
El maestro Juan tiene una libreta llena de pretextos que los alumnos dicen cuando llegan tarde o no llegan. De este muestrario, dos han llamado mi atención. Uno le sucedió al maestro Juan. El maestro le preguntó a Alicia por qué no había llegado el día anterior, Alicia, la niña de diez años dijo:
Es un puente de dos palabras. Ser primero en algo no es tan relevante, ni que algo suceda tiene mucha importancia. Hay miles de primeros todos los días y suceden millones de actos a cada instante. Lo que otorga relevancia es la unión de las dos palabras, tan inocentes por su lado. La primera vez es un acto singular e irrepetible, prodigioso y pavoroso.
Hubo un tiempo en que no hubo necesidad de que alguien inventara el clip. Los antiguos, si deseaban enviar una carta, tomaban una piedra y esculpían una estela o, los más ilustrados, pintaban los mensajes en papiros. Estos papiros eran bellos, porque si el mensaje era largo bastaba costurarle un metro más.
“Imaginá un bosque lleno de árboles, éstos llenos de ramas, éstas llenas de pájaros, éstos llenos de alas, éstas llenas de vuelo”, fue lo que me dijo tío Armando cuando le pregunté qué era una biblioteca. Después de casi cuarenta años he oído decenas de intentos de definición, pero ninguna es tan bella como la que el tío me dijo.
“Imaginá un bosque lleno de árboles, éstos llenos de ramas, éstas llenas de pájaros, éstos llenos de alas, éstas llenas de vuelo”, fue lo que me dijo tío Armando cuando le pregunté qué era una biblioteca. Después de casi cuarenta años he oído decenas de intentos de definición, pero ninguna es tan bella como la que el tío me dijo. Hubo un amigo que me dijo que era un reservorio de libros. ¿Reservorio? No sabía la definición de esta palabra. Acudí a una biblioteca y cogí un diccionario. Supe que un reservorio era como una bodega y me dio pánico […]
“¿Dónde está el chiste?”, decía tío Arturito cada vez que alguien le recriminaba su forma inmoderada de beber alcohol. Como ya sabía lo que le dirían, él siempre tenía una lámpara de mano en su buró, al lado de la pachita de trago. Tomaba la lámpara, la prendía y el haz lo pasaba por todos los rincones, incluso en el cuerpo de quien había lanzado su discurso moralizante y repetía: “¿Dónde está el chiste?”.
En una mesa de cantina, ya con diez o doce envases vacíos de caguamas en el piso, Roberto preguntó: “¿Qué es el periodismo?”. Lanzó la pregunta como si estuviese en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca. Mario se apresuró a responder: “¡Es el oficio más chingón del mundo, dixit el Gabo!”. “No, ni madres, Gabo no usó la palabra chingón”.