
El ranchito
Era importante reconocer su lugar de origen y no sentir vergüenza de su terruño, su color de piel, ni de su familia. Ellos eran gente sencilla, honesta y trabajadora.
Era importante reconocer su lugar de origen y no sentir vergüenza de su terruño, su color de piel, ni de su familia. Ellos eran gente sencilla, honesta y trabajadora.
Rafa salió a su encuentro y la abrazó como solía hacerlo cuando ella llegaba de su jornada laboral. Luisa correspondió la muestra de cariño y saludó a su mamá. Dejó su bolsa, comenzó a platicar y preguntarles cómo les había ido en el día; después fue por su chalina.
Roberta había dispuesto que, en casa, esa semana harían depuración de lo que no utilizaban, para donarlo si estaba en buen estado o desecharlo si no era útil. Lo primero que pensó fue en el cuarto de su hijo Roberto. Él solía guardar muchas cosas que luego no ocupaba.
Le tocó el paso a las palmas de las manos, cuántas veces había intentado descifrar sus significados. Ellas que se habían encargado de estrechar saludos, acariciar hojas, árboles, rocas, montañas.
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. La maternidad es un tema que reviste importancia para la sociedad, desde la fotografía ha sido retomada por artistas visuales, ejemplo de ello es la obra de la fotógrafa y gestora cultural Cecilia Monroy Cuevas, quien, recientemente, expuso su trabajo Visitaciones en la Casa de las Artes y las Culturas, Corazón Borraz, en esta ciudad capital. Visitaciones es un trabajo que integra diferentes series, entre ellas, Las mamás se juntan con mamás, Niñas madres, Yo mataré a ese dragón, La fantástica fantasía, La madre en el sueño, La madre en la tierra, Nacer, parir, Maternidades dislocadas I, […]
La mañana del sábado tenía un tinte de aire frío, el cielo estaba azul, pintaba un día soleado, de los que suelen haber en el invierno.
Esta tarde el viento sopla suavemente, lo percibo como una caricia muy sutil, el aroma que trae huele a inicios de noviembre, de las fechas más esperadas para recordar y honrar a nuestros fieles difuntos.
Permaneció ahí unos instantes, el tiempo justo para que sintiera cómo su rostro dibujaba una sonrisa, atrapada por la escena. Aprovechó para estirarse y sentir cómo su espalda se erguía mientras acomodaba su postura. Tuvo sed y fue por agua.
Rita volteó a ver donde estaba el sendero de luz, sonrió, le dieron ganas de escuchar las leyendas. La plática de doña Lolis la había tranquilizado, sin duda, esa noche sería inolvidable. Deseó que sus amistades regresaran pronto para compartir la magia de la oscuridad.